lunes, 4 de febrero de 2013

La violencia de la clase pudiente


La miserabilidad de los grupos privilegiados sigue dando que hablar, aunque ahora tienen que poner el cuerpo ellos mismos porque las Fuerzas Armadas no participan de la represión al pueblo y muchos menos de un golpe de Estado.

Las clases dominantes cuando han visto afectados sus intereses no vacilaron en financiar a asesinos para asegurarse su bienestar. Por eso los exabruptos que estamos acostumbrados a escuchar de parte de la oposición son la referencia y repetición del malestar de los que siempre vivieron bien a costa de la opresión y explotación de los trabajadores.

Ayer abuchearon a Axel Kicillof cuando regresaba de un viaje familiar, ni siquiera respetaron que iba con sus hijos pequeños. La cobardía se manifiesta en banda, y no fue la excepción en este caso, porque resguardados en el anonimato de la multitud coreaban que se bajara del barco. El inconsciente no deja de ofrecer y clarificar sus culpabilidades, pues los supuestos afectados por las políticas económicas del gobierno kirchnerista pretendían que el viceministro con su familia abandone el transporte (supuestamente querían dejarlo en el río; en el mismo río donde los genocidas arrojaban a los militantes en los vuelos de la muerte).

Estas casualidades son ejemplares, ya que el más encumbrado representante de la derecha local es Maurizio Macri, quien no hace mucho también había declarado que "Esta vez nos toca. Este tren que hemos dejado pasar tantas veces y que hoy nuevamente está en la estación de la Argentina para que nos subamos, nos vamos a subir, aunque tengamos que tirar por la ventana a Kirchner porque no lo aguantamos más".

Tirar, arrojar, bajar, insultar, desaparecer... el modus operandi de un sector que se ha creído superior al resto de los argentinos y, por eso mismo, consideran que deben imponer sus deseos y objetivos en desmedro de las mayorías populares.