martes, 13 de enero de 2009

Una mirada al sesgo

El peor analfabeto es el analfabeto político

No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos.

No sabe que el costo de la vida, el precio del poroto, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas.

El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política.

No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado, y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales.
Bertold Bretch


Por Sergio De Matteo
Lo político (y lo sociocultural)
El proceso a partir del cual se construye el imaginario de una nación o de un pueblo es un espacio de lucha por la hegemonía. Por eso en la memoria colectiva permanecen los héroes, los mártires y los traidores. Aunque el término acuñado por Gramsci se refracta en el campo político, también se hace extensivo al campo intelectual, es decir, se piensa a cada uno de esos campos de modo integral e interrelacionados, siempre en proceso; por lo tanto el Poder será legitimado o refutado por el electorado.
Ciertas claves de las marchas del verano pasado componen dicho aprendizaje: ante una acción estatal (negativa) habría una reacción societaria. Sin embargo, nada se encuentra desvinculado en la comunidad, por ende, los aparatos ideológicos del Estado cruzan por el cuerpo social e individual con su biopolítica. Y lo sucedido demuestra que cuando el interés de algunos pocos repercute en el derecho de todos, esos "todos", esa multitud, se moviliza.
Quizá uno de los matices más extremos en la compulsa política sea la representación del fascismo; el cual acrecienta su peligrosidad cuando existen votantes dispuestos a convalidarlo en las urnas. Boaventura de Souza lo califica de "fascismo societario" (o sea, la introyección en varias capas sociales de una mentalidad fascista), y Santa Rosa no se halla exenta del mismo; incluso el partido hegemónico está conducido por un delator de la dictadura, o peor todavía, los partidos progresistas argentinos (y pampeanos) se han aliado para conformar ―junto a las corporaciones más retrógradas de la Nación― la nueva derecha.

Lo económico (y lo sociopolítico)
Es importante recordar junto a Foucault que "la descripción espacializante de los hechos del discurso desemboca en el análisis de los efectos de poder que están ligados a ellos". Estos efectos de poder se representan a partir de relaciones. En tal sentido no sería desacertado confrontar dos posiciones de comportamiento y compromiso ciudadano en nuestro país; pues, actualmente, una clase que acaparó su mayor renta con las "recetas" del FMI sacrificaría hasta la democracia en defensa de sus ganancias económicas. Por eso la virulenta oposición a los cambios estructurales propuestos por el Estado de un gobierno nacional y popular, que articula sus acciones con yerros y aciertos.
En el blog del Foro de Trabajadores de la Cultura se puede cotejar una opinión respecto a la disputa entre el Gobierno y el mal llamado "campo", en donde extraoficialmente se deslinda el pronunciamiento del Foro y de la APE porque la confrontación pertenecía a otra esfera y era un asunto de superestructuras. El escritor Armando Inchaurraga cuestiona el involucramiento de la asociación en las manifestaciones callejeras y el respaldo explícito a uno de los candidatos, desautorizado, decide renunciar, encima por plantear el desacuerdo se toma su figura como enemiga; también se objeta que el dibujante Sergio Ibaceta ―activo participante del Foro― se enliste en un armado político ajeno al que imponía la agenda anti Tierno, cuando se debatía sobre la libertad y el respeto hacia los individuos que habían sido violentados por éste y, además, se realizaban elecciones libres y democráticas. Como se señala en la compulsa, debería reponerse el poema de Bertold Bretch donde se habla del analfabeto político, para sopesar la ambigüedad y la apatía hacia la política, y no sólo mirar el ombligo local. Porque como aseveró la crítica literaria Josefina Ludmer, en la masa global no hay un "afuera"; y en tal coyuntura se libra una lucha en todos los campos de producción, tanto en lo económico, político como cultural.
Recuérdese que la dictadura fracturó el campo popular y eliminó a sus mejores cuadros políticos; la política educativa del capitalismo tardío fue construyendo su maquinaria imperialista sobre la promesa del ascenso social. El resultado es que la mayoría quedó fuera del "american way of life". ¿Falencias de formación o es que todavía adolecemos en el siglo XXI lo que denunciara Rodolfo Kusch: el miedo de ser nosotros mismos? Es decir, el medio pelo argentino en el conflicto agropecuario hizo una lectura errónea de la realidad y se posicionó junto a sus explotadores; olvidándose de quienes terminaron de sepultar parte de su bienestar en la década infame del menemismo y la debacle del 2001. Diría Jauretche que otra vez nos condicionó ―o mucho peor― venció la pedagogía colonialista; ahora con la ayuda de los comunicadores sociales que responden a las directivas de los multimedios transnacionales.

Lo sociocultural (y, desde ya, lo político)
El activista palestino Edward Said señalaba que "la cultura es un campo de batalla"; por lo que la escuela juega un papel importante en ese escenario, pensándola como el lugar en que las diversas clases se educan y, además, identifican a sí mismas en el entramado social. Entonces hablar de estos temas es hablar de política: un territorio de conflicto y de pujas, en donde las clases dirimen sus espacios de poder. En el esquema actual existe un sector que no está dispuesto a ceder su posición de privilegio en la comunidad: con sus barrios, escuelas y universidades privadas; por lo tanto operan, por un instinto de supervivencia, en desmedro de los que se hallan debajo de la pirámide social.
En el desarrollo de esta coyuntura anida otro poder, que intercede, divulga e influye sobre la opinión pública; los mass medias se proyectan hacia los vecinos bajo la tutela y responsabilidad de los periodistas. En el 2008 les cupo más acción que nunca; pues sus notas incidieron en la lectura de las múltiples crisis que se padecieron.
En nuestra ciudad, después de la conciliación de un contrato social tolerante e inclusivo, se siguen sustentando artefactos de información tan o más violentos que las acciones directas del intendente depuesto, porque insuflan una semántica agresiva de y hacia la sociedad. Se agrava todavía más porque en sus publicaciones muchos no firman sus escritos, haciendo de la delación anónima un oficio ―tal cual en el Proceso―; en fin, avalan metodologías similares que quebrantan el socius como aquella vieja intelligentsia. El "fascismo societario" se incuba también en esta contemporización con la violencia, junto al abuso policial, la ignominia política, la ineficacia judicial, la información tergiversada y malintencionada. En consecuencia, cierta práctica periodística que hostiga, critica y parodia toda toma de posición, acepta editoriales que se contraponen a su ideología y se llama a silencio porque afectaría la cuenta bancaria de los patrones de su fuente salarial.
En consecuencia, se debe discrepar y contraatacar al conformismo que aceptó sin muchas luces el afianzamiento del denominado "fin de la historia", y que ―a grandes rasgos― procuraba en el momento de su mayor auge vaciar de "contenido y acción" a nuestra "historia". Su objetivo era desplazar hacia la periferia a los militantes sociales, políticos, religiosos (los que pregonaban la teología de la liberación), socavando la reflexión y la convivencia multicultural, para imponer un posmodernismo egoísta, hedónico y ultra-individualista, ajeno a la solidaridad sudamericana. Con ese avance estratégico pretendían sujetar a los "sujetos" en los resabios territoriales desterritorializados del viejo imperialismo.
El neofascismo sobrevuela el mundo y, justamente, encuentra caldo de cultivo en aquellos distritos en que la elite no tiene intenciones de ceder parte del capital que conquistaron ―explotando a los trabajadores― bajo la impronta neoliberal. Muchos nombres de esas formaciones constituyen la fundación ―y fundición― de la patria y, también, son los que impulsaron la importación de las teorías colonialistas y han condicionado siempre, para su propio beneficio, el funcionamiento de las instituciones del país.
Mirar al sesgo es tratar de interpretar qué pasa en nuestra aldea pero sin perder de perspectiva lo que sucede en otros lados. Es un ejercicio de pensamiento que estimule la discusión seria para que surja el paradigma que identifique a esta generación y su propuesta se superponga al "puterío chabacano" que prolifera cotidianamente.
Hoy el mundo se encuentra convulsionado por otra guerra preventiva, por otra acción de los profetas del odio y del interés capitalista; pues el estado fascista y genocida de Israel inició acciones armadas con mayor virulencia. Hasta el filósofo León Rozitchner denuncia a sus dirigentes como neoliberales y cristianizados en el artículo "Plomo fundido sobre la conciencia judía" (Página 12, 4/1/09). Se observa con perplejidad otra masacre contra los árabes que, a fuerza de violencia y con la avenencia esta vez de más del 70% del pueblo judío, ha ido vapuleando la región desde 1948 para ensanchar sus propias fronteras. De la opresión y asesinato nació la 1° Intifada (levantar la cabeza) para combatir la ocupación de los territorios palestinos por parte de Israel; y se han repetido periódicamente, así como los ataques mutuos entre árabes y sionistas.
Como hombre libre me solidarizo con el pueblo palestino. A modo de cierre transcribo consignas de las manifestaciones europeas: "Todos somos palestinos"; "Sionistas, fascistas, son ustedes los terroristas"; "Basta de matanzas. Sanciones contra Israel"; "Niños de Gaza, niños de Palestina, es la humanidad a la que se asesina"; "Niños de Gaza, perdónennos".
-
Publicada en suplemento cultural "Kresta", del diario El Diario, 8 de enero de 2009.

No hay comentarios: